En mis 13 años de vocación y servicio, he aprendido mucho. En primer lugar, superé el desafío de salir del “closet esotérico” y nombrarme abiertamente como médium.
Como Traductora Psíquica, tengo la capacidad de percibir más allá de lo visible. En sesiones individuales y en cursos, comunico las voces de almas, espíritus y guías, no solo de personas fallecidas. Utilizo la videncia y la clariaudiencia para abordar diversos espacios, observando las dinámicas grupales o individuales desde una visión sistémica y familiar. Por eso me considero una Médium Genealógica, ya que cada comunicación se convierte en un contacto familiar.
En algunas sesiones, también guío a almas perdidas hacia el camino de la unidad. En entornos presenciales, canalizo los campos psíquicos de las personas, transformando la energía con asistencia. Además, he descubierto que puedo comunicarme con animales y ambientes, ampliando así la conexión con el campo sensible que nos rodea.
Esta capacidad se activa en momentos específicos: a veces buscando apertura, y otras respondiendo al pulso de lo que llega reiteradamente. En algunas sesiones he practicado las incorporaciones, aunque no son mi método preferido.
Mi alma resuena con la capacidad de decir y comunicar lo que siento, veo y escucho, siempre en la medida en que me sienta cómoda y tenga el permiso de quien recibe el mensaje. A mayor afinidad, mayor facilidad para el servicio de canalizar, generando una conexión más fluida y consciente.
Mi labor es brindar un espacio seguro para explorar el mundo interior y la conexión con los espíritus. Recibiendo orientación y guía de tus guías, espíritus o seres queridos fallecidos.